Desplegar

Desplegar

 

Esta serie comienza con una pregunta: ¿qué queda cuando desentrañamos lo que nos rodea? Los cuerpos geométricos, en su aparente rigidez, son metáforas de sistemas cerrados: ideas, estructuras, incluso el propio pensamiento. Al desplegarlos sobre el círculo —símbolo de lo infinito y lo cíclico—, este acto se convierte en una reflexión sobre la liberación. No se trata solo de una deconstrucción física, sino de un gesto que cuestiona los límites entre el interior y el exterior, entre lo oculto y lo evidente.
Los colores desaturados recuerdan la teoría de Itten y ponen de manifiesto que lo esencial no siempre reside en lo vivo, sino en lo sutil. Los tonos apagados expresan lo que queda cuando se filtra el ruido: la estructura pura, el núcleo mismo de la forma. Cada obra es un diálogo entre el orden (la geometría) y el caos (el despliegue), entre lo finito (el papel) y lo infinito (el círculo que lo envuelve).

es un ejercicio de despliegue, de disolución de la forma, en contraposición a su construcción. No se trata de un patrón a partir del cual pudiera surgir un recipiente, sino más bien de un ejercicio de repetición en el que el recipiente —que en sí mismo ya es un mecanismo de introspección y síntesis— se desenreda para descomponer su estructura y su espacio tridimensional en el plano; es un intento de volver a poner las cartas sobre la mesa; de desplegarse en uno mismo, de revelarse en diferentes direcciones.

No es un objeto, sino un proceso: desentrañar para comprender; revelar para cuestionar.